Black Panther: El trono del rey sigue en pie [Reseña]

Hasta unos meses atrás no hubiera imaginado que Marvel nos entregaría una película tan buena como Black Panther. Esto incluye que jamás pensé comparar otra cinta de esta casa con El Soldado de Invierno y, probablemente, la cinta de Steve Rogers sea mucho mejor, pero Black Panther tiene argumentos más que necesarios para pelear ese puesto.

El humor en Marvel siempre ha sido tema de discusión. Algunos comentan que la inflexión fue en Avengers, otros que Guardianes de la Galaxia, esa película de la que nadie esperaba algo, pero que cimentó las bases para repletar de diversión y chistes sin sentido sus siguientes proyectos.

Lo cierto es que la gente de Marvel encontró su fórmula e hizo su casita aquí. Plantó un arbolito, crío unos cuantos mapaches, adoptó alienígenas y todos cayeron ante sus pies. La idea del humor seguía presente, pero esa fuente inagotable de entretención comenzó a rebalsar de a poco.

¿La gota que rebalsó todo? Thor: Ragnarok. Porque sí, me encantó en un principio y lo sigue haciendo, la dirección de Waititi es buena para una cinta de humor y es ahí donde todo cambia. Lamentablemente, y luego de verla muchas veces, me seguía riendo, pero cada vez que llegaba al final sentía la pesadez de una película que ya no fue lo que pudo ser y que no me daba esperanza a ver historias con drama, trama y acción del que estamos acostumbrados en las viñetas a color.

Gracias al Dios Pantera Negra se puede vislumbrar una luz al final del túnel, un atardecer en Wakanda o las nubes en Sokovia.

Black Panther viene a poner freno en seco a las pretensiones humorísticas, aunque claro, si hay humor y es porque Marvel siempre lo ha usado, pero no es preponderante como sí lo son el trato a los personajes y las ideologías sobre el respeto por la tradición y el legado aunado con una brutal representación de la historia de los afroamericanos.

Los primeros minutos muestran los orígenes y rituales de Wakanda, cómo les llego el vibranium, el nacimiento del rey y las tribus. Todo basado en un futurismo africano donde no hay blancos, solo una nación tejida a manos por los hombres y mujeres de la tribu; Es por esto mismo que se niegan a que un extranjero ingrese, por tradición. Así como lo son las flores y varios hechos más que la cinta va entrelazando para darle una personalidad a Wakanda, un logro muy importante ya que eso funciona como primera piedra para un guion notablemente trabajado.

Black Panther es una película con identidad propia, que basa su dominio en el trabajo desde las sombras y el pacifismo. Pero no solo con eso, la cinta trabaja muy bien el aspecto de las batallas donde hay coreografías que cualquier artista marcial con un paso por los tabloides envidiaría. Incluso hay persecuciones en auto, con una posición de cámara que se ven a detalle de lupa como fue su lapso de creación, nada que temer con Rápidos y Furiosos.

Esa identidad se ve aún más corpulenta con la banda sonora creada por Kendrick Lamar, por lejos una de las mejores en años, quien le imprime una sensación de energía claves a escenas importantes, la esencia africana de alegría o ira en cada canción calza perfectamente y pasarían fácilmente como un hit. Esto deja muy bien parado a su director en cuanto a realización visual, Ryan Coogler (Creed) da un manejo a el primer superhéroe negro de los comics y a Wakanda, que deja satisfecho y que, como mencionaba anteriormente, los momentos de acción son muy bien logrados, algo con lo que Marvel muchas veces cae en la repetitividad de coreografías.

A pesar de todos estos elementos técnicos, que ya son destacables, Black Panther reluce por algo más: su historia e importancia para el MCU. Por fin lo vemos coronado como rey luego de la muerte de su padre, lo cual le trae ciertos conflictos internos por la participación de Wakanda internacionalmente, lo que sacaría de cuajo la paz y tranquilidad característica del país.

Aquí es donde aparece en pantalla un villano que no pedimos, pero que se nos fue dado por gracia. Michael B. Jordan interpreta a Erik Killmonger, un tipo lleno de odio y venganza, cegado por la frustración y abandonado a su suerte de pequeño.

La importancia de Killmonger es tal que funciona más allá de ser el villano, sino que un némesis duro y fuerte, que durante ciertos momentos de la trama y casi al final me hizo dudar sobre la fortaleza de Black Panther, ya que tampoco veía que su punto de vista fuera tan lejano a la realidad, solo que su ira lo nublaba por completo.  

Por eso llegan tanto las frases que se dicen finalizando su batalla, con sus argumentos políticos y su historia de esclavitud como les pasaban encima. En especial una frase que me dolió como si perteneciera a su tribu y raza. Es eso lo que hace una película grande, su conciencia social para un blockbuster.

En ese momento Black Panther pasa a otro nivel, un nivel donde se respeta el canon, pero se da el tiempo para cambiar lo que debe y nacer en su propio grito de guerra. Un grito que se siente con más fuerza al momento de criticar la ideología de Trump, mostrándose como un hit sin pelos en la lengua y transversal.

Hay algunos efectos especiales que no están a la altura, pero es mínima y no afectan a la historia como lo hace cierta pantalla verde mal realizada. Al fin y al cabo, Black Panther es una de las películas con más personalidad que nos ha entregado Marvel, con gran potencial para seguir siendo relevante por sí mismo y su constante mensaje político y social de hacer o no hacer, participar o mirar.

Sueñen con un día donde Marvel apueste más por cintas como Black Panther o El Soldado de Invierno, en ese momento el cine de superhéroes dará un paso hacia la relevancia y permanencia en la historia como tantos otros géneros.

Trailer: 

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